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PRÓLOGO - INQUILINOS EN EL MUNDO DE DIOS
El título de este libro me lleva a pensar que, desde el momento en que Dios creó al hombre, lo puso en el jardín del Edén como un inquilino. Este Jardín no le pertenecía; sin embargo, el hombre gozaba de sus privilegios. No necesitaba ser el dueño de ese hermoso lugar para sentirse feliz. El hombre no tenía como prioridad buscar su realización personal ni cumplir su deseo de controlar todas las cosas, como adquirir posesiones, riqueza, fama y demás. La abundancia lo acompañaba cuando no se preocupaba por buscarla.
Este libro es como un faro en medio de la oscuridad, una luz que brilla en medio de la confusión y que sirve de guía para aquellos que navegamos en las aguas oscuras del consumismo desaforado. En medio de tanta incertidumbre, se hace necesario recordar cuál es la forma en que Dios ha bendecido a su pueblo y que seguramente seguirá haciéndolo, siempre y cuando nos sujetemos a lo que Él nos pida.
Doy gracias a Dios por inspirar a mi pastor José Darío Zuleta Largo a escribir con sumo cuidado estas interesantes reflexiones sobre el método que Dios ha diseñado para bendecir a su pueblo. Agradezco a Dios por poner este libro en mis manos para instruirme y aprender cómo operan sus bendiciones en mi vida. He llegado a entender que no se trata de hacerlo a mi manera, sino a la manera de Dios, no es con mi método, sino con el método de Dios.
Pastor: Andrés González Varela
Lo redactado en estas páginas “Es un nuevo enfoque y una explicación profunda de lo que es la mayordomía” en el reino de Dios.
Pastor: Jaír Restrepo
El pastor Dario Zuleta, en su magistral exposición, busca darle un sentido diferente a la mayordomía desde la perspectiva del reino. Con un lenguaje accesible, aborda de manera interesante el fundamento de la administración de recursos materiales y espirituales, considerando a los seres humanos “inquilinos del reino de Dios”. A lo largo de su escrito, desarrolla este concepto de manera lineal, facilitando la comprensión del propósito de Dios con la iglesia.
Es crucial destacar que, al enfocarse en la integralidad de la fe y la iglesia como un cuerpo social, el hermano Zuleta orienta hacia lo que debería ser la actitud de los inquilinos: agradecimiento total y ausencia de mezquindad al comprender la generosidad de Dios.
Aunque en algunos apartes de este libro se requerirá un análisis teológico más detenido, en otros solo queda decir “amén” al pensamiento elaborado que extrae de la Palabra de Dios nuestro escritor. En resumen, recomiendo sinceramente este libro.
Pastor: Carlos Valencia
Me siento honrada de poder leer el contenido del libro ‘Inquilinos’ antes de su publicación, escrito por el pastor Darío Zuleta. En él, nos recuerda a los cristianos e hijos de Dios que todas las cosas son de Él, para Él y por Él; nosotros solo somos administradores de las multiformes riquezas de Su Gracia. Celebro la fácil lectura, excelente redacción y claridad de las ideas. Espero que muchos lectores sean enriquecidos con sus conocimientos.
Lida Zapata
El libro ‘Inquilinos’ se constituye como una lectura agradable, enriquecedora y edificante para aquellos que buscamos administrar mejor los bienes de Dios. Sin duda alguna, el escritor, bajo la iluminación del Espíritu Santo, nos provee herramientas para nuestra generación y las que vendrán.
Pastor: Rubén Román
Los diezmos, ofrendas, votos y primicias no son simples rituales de buena suerte ni ceremonias mágicas que obligan la respuesta de Dios; más bien, son modos en que hombres y mujeres de fe han adorado a Dios. Por tanto, representan testimonios de encuentros con lo divino, formas en que los seres humanos han respondido al favor de Dios.
Hubo momentos en que Israel se preguntó de qué manera debía presentarse ante Dios y qué tipo de honra le era debida. Para hallar respuestas, fue necesario volver a la forma en que sus padres (los patriarcas) veneraron a su Señor. Así, conjugando antiguas tradiciones con los nuevos estándares de la vida moderna, entendieron el verdadero sentido de la honra a Dios.
Israel ha llegado a entender, y con mayor fuerza lo ha comprendido el cristianismo, que los ofrecimientos a Dios de los productos de la tierra, ya sea en especie o en valores, son aceptados por el Señor siempre y cuando contengan en sí mismos la actitud justa de quien los entrega como ofrenda o sacrificio.
Estos ofrecimientos de diezmos, ofrendas, votos o primicias forman parte del culto que la familia ofrece a su Dios, como un reconocimiento de que el trascendente Dios se inmiscuye en los asuntos económicos de su pueblo; es decir, se interesa por su bienestar y se moviliza como ente que bendice la obra de sus manos. De esta manera, “la vida profana” queda conectada al culto y, de alguna manera, consagrada también a Dios.
A partir de este entendimiento, estos creyentes milenarios dejaron de concebir el culto como algo mágico para reconocerlo como el centro de la adoración a Dios, extendido a la ética diaria en todos los ámbitos de la vida. Es decir, la vida en su totalidad debe ser un culto a Dios; la adoración no está relegada al tiempo específico del culto, sino que en todo lugar, los creyentes, con todos sus múltiples actos, honran a Dios.
El templo o lugar donde la asamblea se reúne es el espacio donde se crea conciencia y se aprende a reconocer a Dios como Señor y dueño de todo. Además, se reconoce como aquel que cuida la vida de su pueblo y, por ende, los acompaña en su tránsito por las etapas complicadas de la existencia. Facilita hombres ungidos para pastorear a sus devotos y orientarlos cuando sea necesario. A estos y no a otros deben escuchar para ser instruidos en el propósito divino.
Como cristianos, las exigencias del mundo ambivalente de hoy nos obligan a revisar la Biblia como una herencia de creencias y tradiciones de mujeres y hombres que, en su encuentro con Dios, nos han legado bases sólidas sobre las cuales edificar nuestra espiritualidad. Esto, y no otra cosa, es el propósito del libro ‘Inquilinos’: “preguntar por las sendas antiguas para andar por ellas”. Mi anhelo es que usted sea provocado a reflexionar con el contenido aquí expuesto y, si encuentra algo virtuoso, lo comparta con sus allegados.
Teólogo José Darío Zuleta Largo
Excelente prólogo!
Excelente, muy enriquecedor para nuestra vida espiritual y tmbn cotidiana si así nomás es el prólogo no me quiero imaginar todo su contenido.
La paz de cristo